VIVIR SIN MIEDO

 En pocos días estrenarán en los cines “Infierno azul”, que para nada se trata del sitio a donde van a parar los pitufos que han hecho muchas pitufadas en su vida. Siguiendo una posible línea de pensamiento, el infierno podría ser metáfora del tórrido verano, y el azul, de nuestros extensos mares.

  De mi imaginario retrotraigo la escena mítica de aquel bañista que de repente avista una aleta de tiburón a corta distancia, o que observa espantado como una gran sombra negra se acerca peligrosamente bajo sus pies. Lo que prima en esas circunstancias es tratar de llegar a tierra firme cuanto antes, si las aguas no se agitan mucho.

  Pues si amigos, ya habrán ustedes hilado en su mente de que trata esta historia: chica surfera con cuerpo imponente contra escualo enorme que se la quiere merendar. Desde la versión de Steven Spielberg sobre monstruos marinos devoradores de humanos, ha habido de todo en el género: tiburón zombi, tiburón fantasma, cibertiburón, etc.

   Lo que pasará este sábado en Madrid puede ser como un “Infierno arco iris”. El orgullo LGTB extenderá su manto sobre las calles de la capital, bajo un sol de justicia, convertido en un océano de deseos de libertad, de reivindicación y de respeto por el otro. Infierno es una palabra que el colectivo conoce muy bien, más en épocas pasadas.


   Nuestro miedo se activa naturalmente cuando un “pececito” de una tonelada pretende comernos, surge el instinto de supervivencia. Pero no se puede vivir con miedo naturalmente por tu orientación sexual, es insano, intolerable y una opción desechable. Yo este año reivindico el “no miedo”.
   
  Ese miedo al insulto, a la agresión, al rechazo, a la humillación, es lo que combatiremos estos días en los que nos hacemos más visibles a través de los medios, en los que se habla más de nosotros. Días en los que muchos están de verdad, otros ya no están, porque fueron a tomar una copa y los masacró un loco.

  En la sala de cine disfrutaré de ese “chica guapa versus tiburón reincidente”, con aire acondicionado y un refresco. Me asustaré y saltaré en la butaca, pero fuera de ahí, me niego a tener miedo, a estar limitada de por vida por la ignorancia del otro. De todas formas, creo que la chica al final de la peli se carga a la bestia, no hay mal que cien años dure.

Picara Winehouse
Drag Queen para animación de eventos
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