Mi oficina de correos lleva varios días con un ajetreo
importante. El plazo para enviar el voto por correo se acabará en breve, y al
parecer, existe un creciente interés general, vista la afluencia de público, en
que se realice un cambio. Ávidos de soluciones, la mayoría quiere ejercer su
derecho a elegir.
A mi memoria viene
aquella película, “La fuga de Logan”, el argumento contaba la historia de una
sociedad ficticia, en la que al cumplir los 30, todos eran sometidos a una
especie de ceremonia voluntaria, el Carrusel,
cuando la realidad, es que eran sacrificados. Uno de ellos consigue fugarse, y
en el film se cuenta su epopeya.
Estoy en ese momento
en que todo me huele sospechosamente a chamusquina, y eso me hace entender a
Logan (Michael York) perfectamente. Cuando uno ya no sabe que creerse, cuando
notas que las propuestas pierden aceite por doquier, y que todo se convierte en
una pura manipulación, poco más o menos como siempre, es para salir corriendo.
La sensación es que
unos quieren un trozo del pastel, otros quieren una vida digna y yo galas todos
los fines de semana. Cada cual quiere lo suyo, Logan quería escapar de una
muerte segura y yo quiero escapar de una muerte en vida. Nos podíamos haber
liado y marcharnos juntos, y que vayan a manipular al grueso de sus acólitos.
Me imagino con Logan
de la mano, llegando a la oficina de correos de mi barrio, solo para observar
como los votantes abren y cierran sobres electorales, para escuchar los
suspiros cuando introducen la papeleta y ver las miradas de incertidumbre, al
entregar su decisión al funcionario de turno. Un Carrusel de esperanza.
Picara Winehouse
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