MI VIDA EN CHUECA

    Hoy escribo para recordar mis tiempos en el Hudson, un local que primero había sido el restaurante llamado Principal y después el Hudson Pizza, en la calle Hortaleza, pleno barrio de Chueca, todos del empresario con más salas gays en Madrid... Eran mis inicios, me conocían como Tonetti, yo estaba prácticamente cada día actuando, en dos turnos, algo así como un pase a las 22:00 y otro a las 00:00. 
   Llegó un momento en que la gente me venía a ver por los circos que montaba y por lo loca que estaba en aquellos momentos, pues era una jovenzuela entregada al desparpajo y a la vida canalla. Tenía un grupito de, digamos fans, que les encantaba hacerme perrerías. Me daban chupitos de cockteles extrañísimos, que no se bebería ni la misma Amy, pero yo, chica de carácter indómito y desbocado, tragaba y tragaba.


   En una de estas matinées la sala estaba bastante llena y yo estaba sembrada ese día. Y claro mi público no podía ser menos...así que cuando volví de los 10 minutos de pausa, todos se habían escondido en el cuarto oscuro que había por allí. Pensé entonces que me habían dejado más tirada que Sailor Moon en un capítulo de Melrose Place, cuando de repente empezaron a salir uno a uno partiéndose por la gracia.
   Cosas así me hacían a menudo, claro que a mí me encantaba aquella complicidad. Recuerdo el día que una travesti rubia se sentó sola, en la esquina de la barra y aguantó todo el show. Al acabar se me acercó para decirme que estaba muy depre, pero que yo le había levantado el ánimo. Pequeños detalles que me hacían y me hacen feliz. 
   También tengo un montón de recuerdos de la sala A Noite de Madrid, compartiendo escenario con muchas artistas, algunas ya no están, otras si que están y otras nunca lo fueron, en fin, de todo.
   Una noche se me ocurrió meter la mano donde no debía y toque el neón que decoraba la barra. Me quedé pegada, chillándole al pobre Richard, el camarero:- ¡Baja la palanca, baja la palanca!, el Richard se reía y me decía que si ya iba a empezar con mis tonterías y yo venga a gritarle. Me salían chispas del zapato que tenía sobre el apoyapiés de metal, debajo de la barra. Gracias a la virgen santísima de la transformación, patrona del mundo gay, un chico que había por allí me dio un empujón y me solté. Un santo.
   El ambiente olía un poco a chamuscado y ni yo ni los demás sabíamos si me había pasado algo. Pues no, no me pasó nada. Desde entonces y durante un tiempo me ponían en los carteles el apodo de "La Eléctrica".
   Bueno corazones, de momento hasta aquí puedo contar, en otro momento seguiré con mis peripecias en el mundo Chueca, hasta pronto y besotes!!!

Picara Winehouse
Drag Queen para animación de despedidas, fiestas y celebraciones originales.
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