Según el libro de
embrujos las tres teníamos que viajar en el tiempo a la guarida del demonio que
nos traía de cabeza. Así que la Bombón, Pinito la del Porro y yo, recitamos el
conjuro del libro y en segundos aterrizamos, cada una como pudo, en el hall de
lo que parecía un castillo iluminado con antorchas y velorios. Empezamos a avanzar miedosas por un pasillo hasta que escuchamos:- ¿dónde creéis
que vais insensatas?
Nos giramos, era un apuesto rubio de ojos negros y penetrantes, nos dijo que era el demonio
que buscábamos y que sabía para que estábamos
allí. Después explicó que para romper el hechizo de la Bombón necesitaba que
cada una hiciera una prueba y la superase, sino no quitaría su maldición.
La primera fue Pinito, el demonio le dijo que tenía que
hacer una coreografía grupal con dos trolls que aparecieron de repente. Eran
horrorosos y olían a estiércol, a Pinito se le ocurrió hacer el “Yo quiero
bailar toda la noche” y fue tanto el éxito que todos los fantasmas del castillo
se unieron a la coreo.
Después le tocó a la Bombón, su prueba era calmar la furia
de un dragón cantando. De la nada apareció el dragón y como si lo hubiera hecho
siempre la pobre entonó “La gata bajo la lluvia”. Hasta el demonio acabó
llorando de emoción.
Por último estaba yo. Tenía que hacer reír a toda la corte
maléfica, así que acordándome de cuando trabaja de teleoperadora empecé a
contarles anécdotas de todo tipo. Y por supuesto, triunfé.
El demonio buenorro no sólo liberó a mi amiga de la
maldición sino que además nos ofreció un contrato para su programa “Noches de
infierno”, en el que la Bombón cantaría, la Pinito echaría las cartas y yo haría
reír con mis monólogos al público del inframundo.
Aquí termina esta
aventura inspirada en noches de Halloween y lunas llenas, espero que mi
traviesa y ágil pluma os hiciera esbozar una sonrisa o varias, os deseo una
buena noche de brujas y que seáis terrible e inevitablemente felices. Hasta
pronto.
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