HISTORIAS PARA NO DORMIR

 Debía tener una muy tierna edad cuando un viernes de tantos emitieron un capítulo de la mítica serie "Historias para no dormir", que se grabó en mi cabecita de futura cabaretera. El episodio acababa cuando una puerta se entreabría ante unos ojos aterrados y una especie de garra horrorrible asomaba, para dar pie al consiguiente grito despavorido. O al menos eso recuerdo.

  He visionado casi todos los episodios de dicha serie, tratando de encontrar ese momento culminante. No lo he encontrado, pero he disfrutado haciéndolo una barbaridad. Esos entornos de corte teatral, esas atmósferas tan dadas a adivinar, o insinuar, la aparición de fantasmas o monstruos. Algo de agradecer a Narciso Ibáñez Serrador, director del engendro.


  Sin duda, muchos de los relatos mantienen su actualidad, como el del pobre hombre que acaba hundido en el asfalto, ignorado y solo, moraleja de la vida en las grandes urbes. O aquel padre de familia, obsesionado con lo que era una novedad del momento, el televisor, fábula de cómo podemos acabar absorbidos por las nuevas tecnologías.

  El elenco de actores y actrices que pasaron por la serie era de lo mejor de la época. Ya me hubiera gustado a mí hacer un papelito. Un plano fijo soltando un buen aullido, de tabernera en esas ambientaciones de épocas tenebrosas, o ser acosada por algún espíritu burlón. Lo de huir por el bosque entre caída y tropiezo, está muy machacado.


  Hoy se cumplen 50 años de la emisión del primer capítulo y he querido hacer este pequeño homenaje. Si quieren hacer el suyo propio, no dejen de disfrutar de estas joyitas del terror. Claro está, no deben ser ustedes interrumpidos, desconecten el móvil, cierren bien la puerta y  si oyen algún ruido, recen lo que sepan...

Picara Winehouse
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