UN ESTRENO INTERESTELAR

 En la próxima entrega de Harry Potter, al pobre le venden unos polvos trasladores en mal estado y aparece en el Halcón Milenario. Chewbacca lo persigue por la nave, pensando que es un aliado del lado oscuro, sin embargo, Harry, con rapidez inusitada, le lanza un conjuro y acaba convirtiéndolo en el primer wookiee gay. 

  Le princesa Leila, que se entera de todo porque es muy viva, decide formar compañía con Potter y Chebacca para hacer una gira por teatros interestelares con una versión musical de "El lazarillo de Tormes". Alcanzan una fama interplanetaria, llegando a oídos de Frodo Bolson, que está aburrido después de tanto anillo y tanta mamandurria.


  El hobbit consulta con Gandalf, que le apoya en su decisión de traer la susodicha obra musical a la tierra media. Todo se negocia y finalmente se estrena la comedia para gozo y disfrute de los medianos. Pero como no podía ser de otro modo, Lord Voldemort, haciendo fama de su mala leche, se presenta en mitad de la función, suelta cuatro rayos y lo jode todo.

  Harry, que está hasta le peina del malo maloso, trata de perseguirle y hace uso otra vez de los polvos trasladores, apareciendo esta vez en medio de un ejército de orcos que lo encuentra especialmente atractivo. Entonces llega Hermione, montada en una escoba voladora, y lo rescata, acabando parte de esta Odisea en el castillo de Howarts, donde le van a dar candela, pero eso lo contaré otro día.

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HISTORIAS PARA NO DORMIR

 Debía tener una muy tierna edad cuando un viernes de tantos emitieron un capítulo de la mítica serie "Historias para no dormir", que se grabó en mi cabecita de futura cabaretera. El episodio acababa cuando una puerta se entreabría ante unos ojos aterrados y una especie de garra horrorrible asomaba, para dar pie al consiguiente grito despavorido. O al menos eso recuerdo.

  He visionado casi todos los episodios de dicha serie, tratando de encontrar ese momento culminante. No lo he encontrado, pero he disfrutado haciéndolo una barbaridad. Esos entornos de corte teatral, esas atmósferas tan dadas a adivinar, o insinuar, la aparición de fantasmas o monstruos. Algo de agradecer a Narciso Ibáñez Serrador, director del engendro.


  Sin duda, muchos de los relatos mantienen su actualidad, como el del pobre hombre que acaba hundido en el asfalto, ignorado y solo, moraleja de la vida en las grandes urbes. O aquel padre de familia, obsesionado con lo que era una novedad del momento, el televisor, fábula de cómo podemos acabar absorbidos por las nuevas tecnologías.

  El elenco de actores y actrices que pasaron por la serie era de lo mejor de la época. Ya me hubiera gustado a mí hacer un papelito. Un plano fijo soltando un buen aullido, de tabernera en esas ambientaciones de épocas tenebrosas, o ser acosada por algún espíritu burlón. Lo de huir por el bosque entre caída y tropiezo, está muy machacado.


  Hoy se cumplen 50 años de la emisión del primer capítulo y he querido hacer este pequeño homenaje. Si quieren hacer el suyo propio, no dejen de disfrutar de estas joyitas del terror. Claro está, no deben ser ustedes interrumpidos, desconecten el móvil, cierren bien la puerta y  si oyen algún ruido, recen lo que sepan...

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