Mis ojos estaban clavados en aquel enorme bulto que goteaba agua salada y que dejaba entrever algunos pelillos sexys bajo el ombligo. Lubricaba como la niña del exorcista en sus mejores momentos de posesión cuando el chulazo se presentó. Se llamaba Adolfo, Adolfito, y era profesor de lenguas muertas, aunque cualquiera lo diría después de un par de rápidos morreitos.
Fuimos a su hotel y fue allí me contó su secreto: ¡tenía tres testículos! Lejos de sorprenderme, me vino a la cabeza la imagen de Adolfito llegando al orgasmo con el triple de placer...¡una maravilla! Rápido volví a la realidad cuando sacó todo un kit de pinzas, fustas, cadenas y correas para que jugáramos un rato. Hasta aquí puedo leer, porque corazones, en el sexo soy más bien clásica, y cuando me dijo que le pusiera pinzas y cadenas en los testículos, empece a arrepentirme.
Digna recogí mi bolsa de playa y me fui, recordando aquella mañana de after en casa de un tipo sadomaso que disfrutaba mientras le pegaba en el miembro con la fusta. Y este tenía los testículos habituales: dos. Con tres me parece ya vicio y mucho curro, ¡que stress!
En fin, amigos, todavía espero que en una de estas ocasiones me rebocen viva en la arena como una croqueta mientras me hacen el amor colocada de daikiris. Feliz verano!
Picara Winehouse
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